Pese a los grandes avances en la prevención y tratamiento de las enfernedades infecciosas , “el niño propenso a la infección” sigue siendo uno de los motivos más frecuentes de preocupación por parte de los padres.
En ocasiones, se describen procesos bien diferenciados pero continuos, mientras que en otras se consulta por un cuadro que dura semanas o por un catarro “mal curado”. Los padres agobiados se preguntan, si no estarán sus hijos bajos de defensas o tendrán algún problema de fondo que facilite estas infecciones tan frecuentes.
El Pediatra debe tranquilizarles, ya que en la mayoría de los casos se trata de niños sanos, que sólo tienen un problema de inmadurez en su sistema defensivo, fenómeno normal que se corregirá con el tiempo. Para explicarlo de una manera sencilla: si se estudia los niveles de inmunoglobulinas ( una parte del complejo sistema inmune del organismo) a distintas edades , curiosamente se observa cómo el recién nacido tiene unos niveles “adultos” , que rapidamente caen en los primeros meses de vida a valores en torno al 50% o menos de los iniciales y que no recuperan hasta los 4-6 años . El recién nacido tiene las inmunoglobulinas que le ha proporcionado la madre a través de la placenta, pero como la vida media de dichas inmunoglobulinas es corta, a los pocos meses se produce dicha bajada y el lactante debe empezar a producirlas por sí mismo, hacerlo de manera eficiente, le va a costar unos 4-5 años aproximadamente.
Además, los nuevos modelos sociales, con la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y el papel cada vez menos protagonista de los abuelos en el cuidado de los niños, han propiciado que éstos ingresen de manera precoz en las guarderías.
La conjunción de estos dos hechos, por un lado el estado de “relativa indefensión” de los primeros años de vida y por otro enfrentarse a un colectivo (guardería) donde todos están en una situación similar, explicaría por qué muchos niños pequeños enferman con frecuencia.
No obstante, es cierto que hay niños que apenas padecen infecciones, frente a otros que siempre están enfermos ( incluso sin ir a la guardería), y es que de la misma manera que hay lactantes que dan sus primeros pasos a los 9 meses, otros no caminan casi hasta los 2 años; es decir el ritmo madurativo no es igual para todos, tampoco en relación al Sistema Inmune; de tal forma, que en algunos niños la caída inicial de inmunoglobulinas (y de otros componentes inmunológicos) es más pronunciada y posteriormente tardan más en producir unos buenos niveles defensivos.
Ante un niño con infecciones repetidas, el Pediatra deberá valorar en primer lugar la frecuencia y la gravedad de las mismas. En muchas ocasiones, lo que se refiere como un proceso que dura semanas o meses, no es en realidad más que la sucesión de distintas infecciones que apenas dejan días libres de síntomas entre ellas. Conviene recordar, que en los 2-3 primeros años de vida se considera normal que el niño tramite unos 8-10 procesos infecciosos al año; si tenemos en cuenta que en los meses de verano son mucho menos habituales, la consecuencia es que durante el invierno puede haber meses en que se produzcan 2-3 cuadros de infección.
Respecto a la gravedad, generalmente en niños sanos se trata de procesos más o menos banales (infecciones respiratorias altas, diarreas...) sin repercusión en el estado general y crecimiento.
En estos casos, habitualmente no será necesario realizar ninguna exploración complementaria o a lo sumo una analítica general que nos podría detectar un déficit de hierro (que puede favorecer las infecciones), o unos niveles de inmunoglobulinas en la franja baja de la normalidad. Además, la ausencia de resultados patológicos contribuirá a disminuir la ansiedad familiar.
Por contra, cuando se trata de infecciones graves, por gérmenes poco habituales, que responden mal al tratamiento, que comienzan desde la etapa de recién nacido, que afectan al desarrollo ... podemos estar frente a una situación de verdadera inmunodeficiencia, lo que sí constituye en general un serio problema pero que afortunadamente es poco frecuente.



