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Con esta web pretendo ofrecer a todos mis pacientes y a cualquiera que le pueda interesar, información de actualidad sobre aspectos de la Medicina Infantil, así como establecer una vía de contacto mediante la que pueda contestar a las preguntas que quieran formularme.
Como en toda nueva actividad, los comienzos serán difíciles y llevará algún tiempo conseguir un funcionamiento adecuado, por lo que espero su comprensión y que me hagan llegar las sugerencias que consideren oportunas. Yo estoy ilusionado con este proyecto y confío en que les parezca útil y colaboren en el mismo. Muchas gracias.

Dr. Miguel Muñoz Carratalá
Julio 2009

lunes 7 de septiembre de 2009

¿Tiene mi hijo las defensas bajas? (II)

¿Cómo debe enfocarse el manejo del niño propenso a la infección?

El Pediatra debe tranquilizar a unos padres agobiados, explicando que se trata generalmente de un proceso natural y transitorio, de esta manera se evitará pruebas y tratamientos innecesarios en la mayoría de los casos.

Respecto al polémico tema de las guarderías, no cabe duda que la actitud de la Pediatría ha cambiado con el paso del tiempo, pasando de ser totalmente contrarios a la incorporación a las mismas de los niños menores de 2 años, a una mayor flexibilidad por la nueva situación laboral de un gran número de madres. En cualquier caso, se recomienda que la guardería reúna las oportunas condiciones higiénico-sanitarias y que el personal esté adecuadamente formado en el cuidado de los niños y sus enfermedades. Con respecto a los padres, habría que insistir en la necesidad, de acuerdo con los consejos del Pediatra, de no llevar a la guardería a los niños enfermos o sin estar totalmente recuperados (esto hoy cobra actualidad con la pandemia de gripe, pero siempre debería actuarse así)

Dado que la mayoría de los procesos infecciosos en los primeros años de vida son de origen vírico, el tratamiento se limitará al empleo de medidas sintomáticas evitando el abuso de antibióticos (salvo en las complicaciones o en los de causa bacteriana), que solo conducirá a crear resistencias, a un gasto inútil y a posibles efectos secundarios. Como es obvio, este proceder que es aconsejable en cualquier caso, aún lo es más en estos niños que enferman con frecuencia.

Por este mismo motivo, no tiene sentido aplicarles vacunas bacterianas anticatarrales (sería como vacunar del tétanos para evitar la polio) como se hacía hasta no hace muchos años, cuando era práctica común empezar a administrarlas en otoño para “prepararles para el invierno” (este año se ha vuelto a oir cosas similares). Hoy ya han desaparecido de la farmacopea por su falta de justificación.

El gran número y la complejidad de los agentes virales implicados, hace que de momento no se disponga de vacunas adecuadas, en este sentido la antigripal no mejora la resistencia frente a otros virus que no sean el de la gripe (es más ,cada gripe necesita “su” vacuna).

Parecería lógico, y también se hacía antaño, que a estos niños les podría venir bien la administración intramuscular de Inmunoglobulinas o Gammaglobulinas (las populares “defensas”), ya que mejorarían sus niveles un poco precarios. Sin embargo, es una práctica que además de traumática, puede interferir con la adecuada respuesta a las vacunas del calendario infantil y tiene el riesgo de sensibilización con la posible reacción alérgica grave consiguiente. Por estos motivos, sólo deben administrarse en determinadas enfermedades y habitualmente en medio hospitalario.

Durante algún tiempo, se ha propugnado por algunos grupos pediátricos, la antibioterapia preventiva ,con dosis bajas diarias durante los meses de invierno, para reducir el número de recaídas en niños con otitis de repetición, así como en otras patologías recurrentes; pero no se ha podido demostrar ni su efectividad ni la ausencia de más efectos indeseables que beneficiosos con esta práctica, que no obstante sigue teniendo validez en casos muy concretos.

A pesar de gozar de bastante predicamento, incluso en determinados ámbitos médicos, no se ha podido demostrar mediante estudios rigurosos la eficacia de ciertos productos que se nos ofrecen como estimuladores de las defensas. Por desgracia, muchas veces se les atribuye efectos milagrosos, que no son más que producto del azar o de la propia maduración del sistema inmunológico del niño con el paso del tiempo. Aunque pudieran ser utilizados como placebos al ser inofensivos (“mejor dar esto que otras cosas potencialmente dañinas”), crean falsas expectativas y suponen un gasto superfluo.

En conclusión, no existe ninguna panacea que evite estas infecciones de repetición que tanto inquietan e incomodan a los padres, tal vez nunca la haya al tratarse de un fenómeno madurativo normal. Pero, seguramente se pueden minimizar sus efectos y complicaciones con una nutrición correcta, una adecuada supervisión pediátrica y una concienciación por parte de los padres y cuidadores acerca del cuidado y transmisión de los procesos infecciosos infantiles.

Por último, no hay que olvidar que seguramente estas infecciones, en general benignas,constituyen el método que la Naturaleza ha ideado para que se estimule y madure el Sistema Inmunológico, es por tanto un tributo,que posiblemente hay que pagar para defenderse mejor en el futuro.