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Con esta web pretendo ofrecer a todos mis pacientes y a cualquiera que le pueda interesar, información de actualidad sobre aspectos de la Medicina Infantil, así como establecer una vía de contacto mediante la que pueda contestar a las preguntas que quieran formularme.
Como en toda nueva actividad, los comienzos serán difíciles y llevará algún tiempo conseguir un funcionamiento adecuado, por lo que espero su comprensión y que me hagan llegar las sugerencias que consideren oportunas. Yo estoy ilusionado con este proyecto y confío en que les parezca útil y colaboren en el mismo. Muchas gracias.

Dr. Miguel Muñoz Carratalá
Julio 2009

jueves 30 de julio de 2009

Por qué siempre me dicen que mi hijo tiene “un virus”?

Fiebre vs virus

 

Esta pregunta se escucha con frecuencia a los padres, tras haber llevado a su hijo a la Consulta del Pediatra por un cuadro de fiebre.

 

Esta situación cotidiana supone un doble reto para el profesional:

Primero hacer un diagnóstico correcto, aunque sea provisional y segundo saber explicar a los padres la naturaleza del proceso, lo que aliviará su angustia y evitará la realización de exámenes complementarios y tratamientos antibióticos innecesarios (que sólo producirán un aumento de resistencias a los mismos).

El Pediatra tras escuchar los síntomas que refiere la familia y hacer una correcta exploración clínica, determinará la conducta a seguir y decidirá:
a) Ingresar al niño en casos graves, dudosos o en función de la edad (toda fiebre en un lactante menor de 3 meses debería considerarse potencialmente “de riesgo”)
b) Realizar pruebas de laboratorio o radiológicas que ayuden al diagnóstico
c) Lo más frecuente, mantener una actitud expectante con tratamiento sintomático (bajar la fiebre, hidratar y OBSERVAR).

Numerosos estudios avalan que la mayoría de los procesos febriles de nuestros hijos -sobre todo en los primeros años de vida- son de origen vírico. Son cuadros en general poco expresivos, que cursan con síntomas inespecíficos (malestar, signos catarrales, vómitos...), además de la fiebre, aunque no es raro que ésta sea la única manifestación. Tampoco la exploración clínica revela habitualmente ningún signo que ayude al diagnóstico, más aún, es la ausencia de foco en un niño febril con buen estado general lo que por exclusión, nos lleva a decir que estamos ante una viriasis o infección vírica, diagnóstico totalmente válido y admitido por todos las Sociedades médicas.

¿ Podemos saber de qué virus se trata?
Hay cientos de ellos y generalmente es imposible distinguir unos de otros sin realizar analíticas complejas y costosas, que nos permitan poner el “apellido” al virus. Dado que estos cuadros son normalmente benignos, la práctica de estas determinaciones sólo estaría indicada
en determinadas situaciones. No es raro que un niño tenga 8-10 procesos febriles anualmente (durante los 3-4 primeros años) y por tanto, serían más las desventajas de todo tipo, si por sistema se realizarán exámenes complementarios en estos casos.
Al haber realizado un diagnóstico por la ausencia de foco - sin olvidar la experiencia del Pediatra - debemos dejar una puerta abierta a otras posibilidades, por ejemplo: que nos enfrentemos a una infección bacteriana (neumonía, infección de orina...), que aún no se haya expresado o que surja como complicación de la viriasis y que serán sospechadas por el pediatra si la evolución no es la habitualmente benigna y recortada de las infecciones por virus.

En conclusión, los padres deben confiar en su Pediatra cuando diagnostique una infección vírica, manteniendo una actitud vigilante por si en algún momento surgiera algún síntoma nuevo o empeorase el estado general , en cuyo caso debe volver a consultar; es por tanto, una vez más básica, la confianza y fácil comunicación con el Pediatra.